Fundación Atapuerca - 27 Jun, 2018El sendero botánico adyacente a la Trinchera del Ferrocarril se completa con un ‘punto de reflexión’ sobre la especie humana

Un punto de reflexión completa el sendero botánico que recorre el borde de la Trinchera del Ferrocarril de los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Situado en la cantera habilitada en 2017, invita al visitante a meditar sobre el pasado y el presente de la especie humana y a proyectar nuestro futuro como individuos que disponen de la posibilidad del control de su evolución. 

Esta actuación se enmarca en el convenio de colaboración firmado en 2016 por la Fundación Caja de Burgos, la Obra Social “la Caixa” y la Fundación Atapuerca para realizar actuaciones en el sendero botánico, cuyo resultado final ha sido presentado esta mañana. Este espacio de reflexión contiene una mesa interpretativa con un sencillo texto que invita a observar con atención unas ilustraciones, realizadas por Suso Cubeiro, que determinan momentos de interés en la historia de la humanidad.

El recorrido comienza con Excalibur, el famoso bifaz neolítico, y continúa con una hoz primitiva que indica la trasformación de las sociedades de nómadas y recolectores a sedentarios y agricultores. Una máquina de tren de vapor como la que se empleaba en el ferrocarril minero que circulaba por la trinchera donde se encuentran los yacimientos simboliza la Revolución Industrial del siglo XIX. Y, por último, un teléfono móvil sitúa al visitante en el tiempo presente, en el que las comunicaciones y el intercambio de información han dado origen a un mundo global que cambia a una velocidad nunca imaginada por ningún ser humano. 

Red de ATA Senderos temáticos

Además del citado punto de reflexión, se ha acondicionado el acceso al antiguo camino de La Roza, que discurre por la ladera superior de la Trinchera, con la intención de crear una red de pequeños ATA Senderos temáticos relacionados con la vida silvestre actual y pasada, de manera que propicie una aproximación a la ecología de la sierra y el entorno de los yacimientos. 

Los trabajos han permitido acondicionar unos 1.500 metros de sendero, en los que también se ha abierto una senda para sortear el camino con servicio de vehículos, se han instalado tres mesas interpretativas y cinco atriles, se ha llevado a cabo una señalización con balizas de dirección y de algunas especies de plantas leñosas de interés y se han construido tramos de escalera para facilitar la subidas y bajadas. Asimismo, se ha instalado una mesa interpretativa sobre El Viejo Roble, ejemplar de quejigo de unos 400 años que constituye un símbolo de los yacimientos y su entorno. La conservación de este ejemplar es impulsada por el Ayuntamiento de Ibeas de Juarros y la Asociación Cultural Amigos del Hombre de Ibeas/Atapuerca (ACAHIA).

Bajo la supervisión del codirector de los yacimientos Eudald Carbonell, los contenidos de las mesas y atriles interpretativos han sido proporcionados por Ana Isabel Ortega, miembro del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), y adaptados para el público general por Miguel Ángel Pinto, director de las Aulas de Medio Ambiente de la Fundación Caja de Burgos. Destaca, en este sentido,  la señalización del camino de La Roza, que permite ir conociendo los puntos en los que se cruza con el sistema subterráneo de la Sierra de Atapuerca, mostrándose imágenes de las cuevas en los puntos en los que el visitante se encuentra sobre ellas. Las imágenes han sido realizadas por el grupo espeleológico Edelweiss.

El proyecto se completará en 2019 y 2020 con la conexión con Cueva Fantasma y la Cueva del Silo, donde existe la posibilidad de realizar miradores de gran interés

Enriquecer la experiencia. Esta labor forma parte de las pautas que el equipo director del proyecto Atapuerca ideó en 1995 para el desarrollo de estrategias de comunicación del entorno de los yacimientos. Desde entonces, se han ido desarrollando de manera total o parcial distintos elementos que facilitan a los visitantes una aproximación comunicativa a este importante espacio Patrimonio de la Humanidad.

La colaboración entre la Fundación Caja de Burgos, la Obra Social “la Caixa” y la Fundación Atapuerca comenzó en 2016 con acciones interpretativas (como adaptación de contenidos arqueobotánicos y la instalación de paneles de información) y obras de adecuación del piso y perimetrales que enriquecieron la experiencia de las visitas guiadas durante la campaña de excavación, que no pueden adentrarse en la Trinchera por el trabajo de los investigadores.

En 2017 se abrió  una pasarela entre ambos lados de la Trinchera y una senda de 600 metros paralela a la pista de servicio de vehículos militares y del personal del yacimiento. Asimismo, aprovechando la espectacular vista que se tiene del valle de Valhondo desde algunos puntos del sendero, se instaló una gran mesa interpretativa, integrada en el vallado de madera, para recrear el paleoambiente de las fuentes del río Pico y la laguna que existió allí, con la fauna y la flora asociadas.


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